viernes, 4 de abril de 2014

Atención americanos


Un hombre trajeado abre la puerta trasera del vehículo y bajo del Rover abrochándome la americana. Miro a mi alrededor tras el opaco cristal de mis gafas de sol y esbozo un leve gesto de repugnancia. El coche reluce impoluto en un negro metalizado que refleja la asquerosa basura de la zona industrial. El entorno que nos rodea es cochambroso y nuestro aspecto adinerado contrasta bastante con la pobreza de la zona. Hemos parado frente a un edificio de diez plantas en ruinas y tapando el acceso a la puerta principal, o lo que debería ser una puerta principal, que ahora solo es un marco de madera corroída, hay tres yonquis sentados en el suelo calentando sus manos en una fogata improvisada. La mitad del edificio no tiene cristales en las ventanas y supongo que les da lo mismo dormir dentro que fuera.
Mi hombre, un árabe fornido con cara de pocos amigos, se acerca a los indigentes y patea algo de tierra que lanza contra las brasas ardientes, exterminando el fuego ante el enfado y las quejas de un borracho barbudo y la mirada temblorosa de una mujer mayor demasiado delgada cómo para encontrarse sus propias venas con la aguja. Les miro con desprecio desde mi elevada posición y sigo a mi agente hacia la entrada del edificio pisando el montón de arena todavía caliente.
En las estrechas escaleras, choco contra una niña guineana que apenas si habrá cumplido los doce años y la niña se detiene frente a mí y evita mi mirada de forma nerviosa jugueteando con sus manos. Me disculpo de manera educada y le regalo una sonrisa. La chica se acerca a mí de repente, con decisión, y alzo una mano en un gesto a mi subordinado indicándole que se relaje, ya que rápidamente se ha puesto en tensión y estaba a punto de desenfundar el arma. Las pequeñas manos de la niña se enredan en mi camisa y afloja el nudo de mi corbata, tirando ligeramente de ella. Inclino mis hombros y bajo la cabeza para que ella, de puntillas, pueda decirme al oído lo que quiere decirme.
Me enderezo con tranquilidad y la chica desvía la mirada al árabe que me acompaña. Levanto las cejas y le miro, él me mira a mí con curiosidad. Meto la mano en mi bolsillo y saco la cartera para darle cien dólares a la niña. Me agacho para susurrarle al oído. Ella me mira extrañada y se va corriendo abrazada al billete antes de que me dé tiempo a cambiar de opinión. Guardo la cartera y hago un aspaviento retomando el camino escaleras arriba.
El fortachón me abre una puerta de madera en el quinto piso que ya está custodiada por dos gorilas armados más y cuando cruzo el umbral se encarga de cerrarla a mi espalda.

La habitación a la que llego es amplia y tiene una escasa iluminación porque todas las ventanas están cubiertas con bolsas de basura. Una inmensa tela azul marino cubre media pared y parte del suelo, sobre el que han colocado una mesa, dos sillas y un mástil con una bandera de la República Libanesa.
Ante el escenario está Ashan trasteando con una cámara de vídeo colocada sobre un trípode. Kamîl está apoyado en una pared polvorienta hablándole a su manos libres y metiendo la mano en una bolsa de patatas fritas industriales.
- ¿No podíamos grabar en un sitio más sucio? - Le digo a mi hermano quitándome las gafas de sol. Cómo no sé donde colocar la americana sin que se ensucie, ni me molesto en pensarlo.
- No, no podíamos, y deja de tocarme los cojones Muhammad, que acabas de llegar y ya quiero que te largues. - Mi hermano contesta sin mirarme, seguramente la cámara es demasiado compleja para su corto intelecto.
- ¿Y éste con quién habla? - Le digo con interés caminando en dirección a la mesa y pasando mi dedo por la superficie. Al menos el escenario está limpio.
- Con una chica americana, creo, no sé, pero le he escuchado decir "Darling" y cosas así. - Ashan contesta con desinterés y levanta la mirada de la cámara. - Ya te has aprendido el guión que te he enviado ¿Verdad? Espero que no hagas una de las tuyas y digas lo que quieras porque es importante que te ciñas al guión. 
- Sí, sí Ashan, no tengo ganas de discutir, grabamos ésto y me largo. No llevo una vida tan apacible cómo la vuestra y alguien tiene que hacerse cargo de las cosas importantes. - No miro a mi hermano porque mi vista está analizando toda la habitación, pero siento sus ojos clavados en mi espalda pensando que si fuera por él lo que me clavaría es un cuchillo.
- Es importante que los americanos sepan que hemos sido nosotros, sino no servirá de nada. - Parece satisfecho con el resultado tecnológico, porque se aleja de la cámara y se acerca a mí cambiando de tema para volver a apretar el nudo de mi corbata. Alzo el mentón facilitándole el trabajo de arreglármela y chasqueo la lengua cuando aprieta demasiado.
- ¿Qué pasa Muhammad  - Kamîl me saluda con su árabe de escuela y marcado acento americano, y me golpea el hombro con el puño sin dejar de hablar por teléfono. Rápido me ignora de nuevo y me da la espalda continuando con su conversación en inglés. Ashan se aparta para analizar mi aspecto con ojo crítico y yo aprovecho para sacudir el hombro que me acaba de tocar Kamîl. A saber si me ha ensuciado de grasa de las jodidas patatas fritas.
- ¿Ya le has dicho a tu puta que acabaréis en el infierno? - Elevo un poco la voz para que se entere bien de lo que le estoy diciendo. Me molesta que haya dejado el islam, es un crío, pero si Ashan o yo fallecemos se tendrá que hacer cargo de una de las dos partes de Hezbolá y no puedo imaginarme a un ateo cumpliendo con los designios del Señor... Solo de pensarlo me pongo enfermo. Allahu akbar, dale lucidez y haz que se arrepienta de abandonar tu camino.
Mi hermano pequeño se gira y se despide de la mujer al teléfono. Me mira frunciendo el ceño y pone los ojos en blanco a modo de resignación. Ashan vuelve a pelearse con la cámara.
- ¿Ya estás otra vez? Déjame en paz ¿no? Ashan dice que ésto lo hacemos por política, que más te dará si voy al puto infierno o no. - Se excusa utilizando al mediano.
- Ashan dice, Ashan dice... - Me burlo satirizándole cómo si fuera un niño pequeño y haciendo el gesto con la mano de blablabla. Le regalo una mueca altiva y burlona que él ya conoce bien. Entre uno y otro, no sé por cual sentirme más avergonzado.
- A mí no me metáis en vuestras riñas. - El mediano Se acerca a nosotros y nos entrega el maldito guión. - Los disfraces están ahí. - Señala una gran bolsa de basura que hay en el suelo con desinterés y vuelve a colocarse frente a la cámara de vídeo. - Va, joder, que no tenemos todo el día. - Nos apremia con ambas manos. Kamîl y yo nos miramos y cedemos ante las prisas de nuestro hermano, los tres estamos deseando terminar con ésto y no volver a juntarnos otra vez durante un largo tiempo.
- Y no es una puta. - Susurra Kamîl cuando ambos estamos agachados sacando la ropa de la bolsa.
- No me importa, Kamîl, no me lo cuentes... 
- Es una chica que he conocido en una reunión con Lucoil, ¿vale? Es argelina, y musulmana. -Y me lo cuenta... Pero eso de que es musulmana me hace algo más de gracia. A ver si consigue hacer que mi hermano entre en razón y deje de pecar cómo un zorro.
- Cuando te cases me la presentas. - Le digo con una sonrisa fingida mientras me coloco mi thobe. Los dos son marrones y los dos son de talla grande, por lo que no tenemos que discutir sobre cual se pone cada uno. En menos de dos minutos ya no somos nosotros mismos. Ambos llevamos barba postiza y un kufi blanco sobre unas pelucas bastante reales, cortesía de algún cadáver. Lo pienso y me pica la cabeza. Pero tengo que aguantar.

Nos sentamos a la mesa y coloco el guión que me ha entregado Ashan sobre la superficie. Me acaricio la barba por inercia y Ashan levanta el dedo pulgar desde su improvisada posición de director, indicándonos que todo es perfecto. Que empiece el espectáculo.

- Atención americanos... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario